Una historia de mi niñez

Para entender mi historia, es importante conocer un poco de mi familia. Mi mamá nació en los Estados Unidos en 1915, pero cuando ella tenía casi diez años, su familia regresó a Polonia. ¿Por qué? No sé - quizás mis abuelos no estuvieron contentos aquí, por lo difícil de la vida, o más probablemente, extrañaban a su familia en Polonia. En cualquier caso, después de un viaje largo por carguero, mis abuelos y mi mamá llegaron a Polonia y vivieron allí en una casa de campo con techo de paja, sin electricidad ni agua potable. Allí, mi madre no asistió a la escuela, porque tenía que trabajar en los campos. En 1937, ella volvió con su hermana menor a los Estados Unidos, un poco antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial que devastó mucho de Polonia y Europa.
Mi madre y mi padre se casaron en 1942. Mi mamá trabajó en una fábrica de telas en Providence, Rhode Island, hasta el nacimiento de mi hermana mayor, cuando ella se hizo ama de casa. Pero cuando yo tenía ocho años de edad, mi padre murió de cáncer a causa de su servicio en el ejército de los Estados Unidos. Y de repente, la vida de mi familia cambió mucho.
Cerca de los días de Acción de Gracias y de Navidad del mismo año, hubo unos acontecimientos muy raros en mi casa. Por las dos fiestas, los miembros de las dos hermandades de mi padre, los Caballeros de Colón y la Legión Americana, aparecieron en nuestra puerta principal con cestas de pavo y otros alimentos para nosotros. Fue raro para mí porque los hombres utilizaron la misma puerta que utilizábamos solamente para sucesos importantes como la visita ocasional del pastor de nuestra iglesia o muchos años más tarde para el día de mi boda. Mi madre expresó su agradecimiento a los hombres, y tuvimos nuestras cenas tradicionales para las dos fiestas. Esa acción se repitió consecutivamente por varios años. Era muy joven y por eso, no pensé nunca cuál era la razón de ser las destinarías de su caridad.
Pero, había otra cosa aún más rara que yo no entendía durante esos años de mi niñez. Desapareció nuestro gran árbol de Navidad, y nunca más vi nuestros adornos preciosos de cristal, hechos a mano y de colores bellos. Desde ese tiempo quedaron en un rincón oscuro y polvoriento de nuestro desván por casi cuarenta años. En el lugar de nuestro árbol vivo de los años pasados, había un árbol diminuto y artificial de no más de una altura de veinte pulgadas. La fealdad de ese árbol estaba acentuada con los adornos nuevos de la tienda de saldos. Todos estaban del mismo color rojo y no más grandes que una cereza pequeña. No podíamos tener más las luces de navidad para nuestro árbol porque las luces hechas en los años cincuentas estaban grandes y pesadas - demasiado grandes para un árbol tan chico. Nuestro árbol sin luces siempre estaba muy triste.
Y mis regalos eran diferentes también, a menudo la ropa necesaria o muy práctica como pijamas o botas para la nieve. En lugar de un juego popular o una muñeca como Barbie, yo recibí otros juguetes baratos. Cuando visitaba a mi buena amiga cada Navidad, ella tenía muchos regalos debajo de su gran árbol de Navidad. Siempre yo pensaba que ella tenía muchos regalos porque ella estaba enferma de gravedad con escoliosis desde su nacimiento. No entendía tan gran cantidad de regalos para una niña de la misma edad que yo cuando yo recibía muy pocos.
Muchos años más tarde, cuando trabajaba con la gente desfavorecida de Trenton y Freehold en Nueva Yérsey, me di cuenta de la verdad de mi niñez. Después de la muerte de mi padre, mi familia era muy pobre y por eso, los hombres de las hermandades de mi padre nos dieron las cestas de alimentos. Mi mamá, sin educación, no pudo encontrar un buen trabajo. Vivimos por muchos años gracias a la seguridad social y la prestación para los veteranos. ¡En esos años, éramos tan desfavorecidas!
¿Y por qué digo esta historia? No quiero compasión. La verdad es que no me di cuenta nunca que era pobre, porque habité con mi mamá y mi querida hermana en una casa llena de amor. ¡Y cuando una persona tiene amor, esa persona es muy rica, más rica que una persona con mucho dinero pero sin amor!


lis dijo
Hola Juanita,
hace tiempo que no paso por la Coctelera y acabo de leer tus dos últimas entradas ahora mismo. ¡Cuánto siento la muerte de tu madre! Me ha emocionado mucho leer tu entrada sobre el sitio más seguro y más lleno de paz en el mundo, el vientre de tu madre. Y eso es verdad, no solamente para ti pero para todos. Sin duda alguna tu madre fue una persona especial y te dio el amor, la seguridad y la felicidad que necesitabas a tal punto que hasta que no eras adulta no te diste cuenta que fuiste una niña pobre. Habrás sido pobre según las estadísticas económicas, pero rica en amor que es lo más importante.
un abrazo,
Lena
PD. Cada vez escribes mejor en español, estoy muy orgullosa de ti.
10 Enero 2008 | 04:08 PM